Semana 14

 Mi entrada (canción) de despedida

Me gustaría comenzar esta última entrada para mi blog agradeciendo la oportunidad de pasar por esta materia. Debo confesar que al comienzo del semestre pensé que sería un relleno y que aborrecería cada instante sentada en el B111. Sobra decir que me dejaron callada. Con Investigación Social (IS), aprendí que mi carrera no es solo el mosaico de las materias referentes de manera directa a mi campo de acción; sino que, para ejercer mi profesión de con la calidad a la cual aspiro, necesito un conjunto de habilidades multidisciplinarias, y estas solo se aprenden con la dosis adecuada de lecturas y prácticas. Sueño con convertirme en una gran ejecutiva, pero es improbable, por no decir imposible, que esta proyección se materialice de la noche a la mañana. Para lograrlo, debo conocer a profundidad a los miembros de las comunidades y equipos en los cuales deba desenvolverme y, para esto, necesito poderlos observar y comprender; a saber, hablar su idioma y adaptarme a sus costumbres. 


Dicho esto, traigo a colación los temas de clase que fueron de mi mayor interés: la Investigación Acción Participativa (IAP) y el libro No te atrevas a mentirme. 


Mediante el primero de ellos, aprendí que la academia no se queda en el papel. Puede que mis palabras tomen un aire de romanticismo, pero verdaderamente amé la manera en la que la adecuada ejecución de metodologías investigativas es el primer paso para lograr un cambio verdadero cuando este parece imposible. Recuerdo muy bien el ejemplo que puso el profesor, acerca de un grupo de investigadores que, erróneamente, creyó que un acueducto beneficiaría a la comunidad donde se encontraban y lo que esto hizo fue incrementar la violencia intrafamiliar y, en general, tensionar el ambiente. La investigación es de suma importancia y las buenas intenciones son admirables, pero solo juntas pueden construir de una manera tan poderosa como aquella que se demuestra en la IAP. 


Aterrizo este tema a la responsabilidad social en las empresas, un ámbito que, aunque no es de mis preferidos, resulta crucial para el bienestar de las comunidades en medio del clima global actual. En mi carrera nos repiten una y otra vez que uno ya no vende productos sino experiencias; pero esto no se refiere exclusivamente a los consumidores finales o compradores. Es necesario reconocer que, en un mundo donde el capitalismo voraz se toma cada vez más terreno, las empresas se convierten en actores sociales con círculos de influencia propios. 


El caso que se me viene a la cabeza es el de el cultivo de flores fundado por mi papá en 1980, el cual se ubica en un pueblo pequeño llamado La Unión, Antioquia. Él siempre me repitió que, como proveedor de empleo, debía asegurar el bienestar no solo de sus empleados sino también de sus familias. Y esto no se quedaba en palabras. Recuerdo que no solo sabía el nombre de cada uno de los colaboradores, sino que personalmente se tomaba el tiempo para conversar con ellos y averiguar sus necesidades. Así, en compañía de los demás directivos, procedía a agendar fiestas como el Día de la Madre, y eventos como entregas colectivas de útiles escolares. 


 

Ahora, con el segundo de los temas mencionados reforcé una de mis creencias: leer a la gente de manera adecuada evita conflictos futuros. Por la línea de la comunicación no verbal, la clave es resaltar que esta habla más que las palabras. Si deseamos entender a alguien verdaderamente, debemos tener presente el aporte de Albert Merhabia, el cual establece que tan solo el 7% del mensaje está contenido en las palabras, mientras que el 38 y 55% del mismo viajan con el comportamiento verbal (la voz) y el lenguaje no verbal, respectivamente. 


En correspondencia con la selección de personal, tema que Karanausckas trata en la segunda parte de su libro, asocio estos consejos con mi afirmación previa en la medida que, para un candidato, resulta relativamente fácil aparecer el día de una entrevista y simplemente decir lo que su potencial empleador desea escuchar. Es así como los equipos de trabajo terminan con miembros que no son necesariamente afines a su filosofía. Es por esta razón que vale la pena emplear filtros como el del papelito del dulce, intervenir con preguntas directas y ver más allá de las primeras impresiones. 


Para cerrar este apartado de mi entrada, haciendo referencia a la tercera parte del texto, dejo la frase popular “las cosas se parecen a sus dueños”, la cual Karanausckas traduce a la “ciencia del Snooping”: el interés profundo por los entornos de una persona y, en especial, sus pertenencias. La autora destaca en este fragmento que los hábitos de las personas hablan más que ellas mismas, lo que nuevamente me lleva a pensar en el trabajo en equipo. A la hora de reclutar o relacionarse con una persona, es crucial comprender sus comportamientos y la manera en la que se mueve dentro de un entorno, pues de ahí se pueden descifrar aspectos clave de su personalidad, como lo son: la apertura a nuevas experiencias y creatividad, la minuciosidad y la orientación a una tarea, la extroversión y sociabilidad, la amabilidad, y la neurosis/ansiedad. Esta, pueden ser manejables o “no negociables” a la hora de interactuar con alguien en la cotidianidad.  


Finalizado el recuento de mis temas favoritos, sigo con aquellos que no fueron necesariamente de mi agrado, entre los cuales se destaca la metodología de exposiciones. Si bien esta modalidad funciona para algunos temas, me parece que otros pudieron haber funcionado mejor con aplicaciones directas. Personalmente, considero que IS funcionaría muy bien con la metodología de taller. Es decir, introducir en la clase espacios para trabajar en nuestro proyecto final (la salida), aplicando lo aprendido en cada clase según un cronograma adaptable a cada caso. Otro tema que al comienzo no me convenció fueron las bitácoras. Si bien creí que estas serían una pérdida de tiempo, me parece que mi redacción mejoró de manera notoria, y que mis textos cambiaron en términos de contenido, pasando de literales a intertextuales o analíticos. 

 

En cuanto a mi desempeño en la materia, me enorgullece decir que, pese a que bajé mi nivel en el segundo corte, pude recuperarme sin problemas y aproveché la asignatura para aprender lo más posible. A lo largo del semestre, no falté a ninguna clase (me conecté cuando presenté síntomas de COVID), a pesar de que sí llegué tarde en diversas ocasiones. Reconozco que mi puntualidad es un aspecto a mejorar y, a la fecha, me encuentro trabajando en ella de manera activa.  En cuanto a mi trabajo en la clase, mi actitud fue proactiva, leí mis bitácoras cuando tuve la oportunidad, al igual que algunas de las realizadas por mis compañeros. Por momentos, admito que me distraje y, mentalmente, abandoné el salón. Nuevamente, esto es algo que suele sucederme, pues los entornos estáticos no son de mi preferencia; me cuesta lidiar con ambientes con pocos estímulos sensoriales. En las bitácoras, la exposición y los talleres, siempre cuidé la calidad de mi trabajo; procurando que cada pieza fuera mejor que la anterior. Como muestra de esto, obtuve tres likes en el Twitter del profesor (DISCUTIR LA SEMANA PASADA). Un aspecto que debo mejorar es mi manejo del tiempo, pues, a pesar de procuré cumplir con todas las entradas y actividades, no entregué algunas de ellas dentro de los tiempos establecidos. 


Teniendo en cuenta estos aspectos, considero que mi nota en la clase fue de 4.4, pues, aunque tuve algunas fallas, las identifiqué y enfoqué mis esfuerzos hacia su superación; además, a mi juicio, mi desempeño general fue bastante positivo y mis capacidades analíticas y pensamiento crítico, evidentes. 


 


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